Qué implica convivir con la intolerancia a la fructosa
La intolerancia a la fructosa es uno de los desajustes digestivos más comunes y el protocolo a seguir para disminuir la sintomatología es muy restrictivo e implica dejar de lado muchos alimentos, incluso algunos que son saludables como la mayoría de las frutas y algunas verduras.
En algunos casos puede ser que la propia intolerancia a la fructosa genere otras intolerancias como por ejemplo a la lactosa o a la histamina, y el resultado va más allá de las molestias digestivas como los gases y la diarrea, ya que puede generar deficiencias nutricionales y puede afectar al sistema inmune y al endocrino.
Pero lo que realmente implica es un cambio de hábitos que implica muchas restricciones alimentarias, una manera diferente de comprar, de cocinar y de ir a desayunar, comer, merendar o cenar.
Para sobrellevar este cambio de hábitos no se trata de eliminar el azúcar por completo sino de encontrar o identificar el umbral de tolerancia individual y tener claros los alimentos a los que puedes tener más reacción como lo son las manzanas, las peras, las cerezas, la sandía, los melocotones, las frutas muy maduras, el aguacate, la miel, los zumos comerciales, las salsas o alimentos enlatados con azúcares añadidos o jarabe de maíz, pasteles y galletas con alto contenido de fructosa, chocolate con añadidos de fructosa, golosinas, etc.
El impacto psicológico de las restricciones alimentarias en el día a día
Las restricciones alimentarias también pueden tener riesgos a nivel psicológico por despertar hipervigilancia u obsesión en la comida, irritabilidad y ansiedad, culpabilidad, aislamiento social y riesgos de trastornos de la conducta alimentaria ya que las restricciones físicas o mentales es una de las puertas de entrada principales a patrones patológicos.
Desde el health coaching no solamente te ayudamos a poder adaptarte de manera saludable a estas restricciones alimentarias y a estos cambios de hábitos, sino que intentamos darte herramientas para gestionar emocionalmente estos cambios que afectan a nivel físico, mental y social.
Cómo desarrollar hábitos sostenibles sin perder la motivación
Aunque parezca extraño tenemos que intentar mantener el disfrute por comer y, sobre todo, entender que cuidarse no es castigarse sino saber qué es lo que nuestro cuerpo acepta bien y qué no sin juzgarnos. La definición de dieta no es restricción, es lo que comemos de manera cotidiana, y dentro de esta cotidianidad tenemos que encontrar nuestros caprichos afines a nuestra dieta.
Encontrar restaurantes o tiendas en los que disfrutemos comiendo o comprando también es una manera de encontrar la normalidad fuera de la “norma”, pero también hay que tener en cuenta que la norma social es una intoxicación de azúcar que tampoco es saludable y también desencadena miles de patologías por ineptitud y desinformación.
Lo que quiero decir en todo esto es que claro que es difícil adaptarse a las restricciones alimentarias que la intolerancia a la fructosa nos provoca, y los cambios de hábitos inherentes, pero que lo realmente importante es saber que estás haciendo bien las cosas. Es un aprender a vivir igual pero comiendo diferente, comiendo para tener mejor calidad de vida y respetándote a ti y a tu bienestar digestivo.
Cómo recuperar el bienestar y la calidad de vida a través de pequeños cambios
Cabe destacar que desde el health coaching te enseñamos a comprar mejor, a cocinar limpio, a conocer otra realidad con curiosidad, a no perder el disfrute y a entender lo que te pasa. Aun así, lejos de los síntomas del bienestar digestivo explicamos la realidad de que el intestino es el segundo cerebro donde se generan (o no) y se equilibran (o no) muchas hormonas que determinan nuestro estado de ánimo y por lo tanto nuestro comportamiento.
Con todo esto quiero decir que aparte de hacerle un favor a tu calidad de vida y a tu bienestar digestivo, este proceso si lo hacemos bien acabarás teniendo mayor equilibrio emocional y mucha más energía por absorber mejor los nutrientes de los alimentos que forman parte de tu dieta.
Y para concluir, decir que sí que se puede volver a tomar según qué alimento que lleva fructosa que ahora te sienta mal, pero primero hay que reparar el intestino, ya que el cambio de hábitos favorece un proceso antiinflamatorio y reparador y así si la sintomatología cede se puede intentar ir reintroduciendo uno a uno alimentos que antes nos sentaban mal.
Paciencia e intentar vivirlo con disfrute.

