Tener hijos y criarlos de la forma correcta es una enorme responsabilidad para los padres. Por lo general, queremos que nuestros hijos crezcan sanos y que sepan desarrollarse en el mundo en el que les va a tocar vivir cuando sean mayores e independientes.

Sin embargo, en ocasiones, resulta difícil alcanzar el equilibrio necesario durante la educación para lograr ese objetivo. Hay padres que no ponen ningún tipo de límite a sus hijos para no coartar su libertad, y otros que son extremadamente restrictivos. En este caso, ¿quién lo está haciendo bien?

Qué son los límites

Al educar a un niño, lo primero que deben hacer los padres es aprender a valorar la importancia de poner límites. Aunque hay quienes piensan que los límites son algo negativo, son sumamente necesarios en la crianza de los niños.

Establecer límites en la educación no significa menospreciar o ignorar los deseos del niño. Habrá ocasiones en las que aquello que pide se le pueda dar.

Sin embargo, la ausencia de restricciones puede convertir al niño en una persona egoísta, con problemas para aceptar las normas en el futuro y con serias dificultades para relacionarse con quienes no cumplen con sus deseos.

Los límites son necesarios para educar con la disciplina correcta y para que ese niño se convierta en un adulto socialmente hábil.

La falta de límites es más fácil

Cuando estás en el supermercado con tu hijo y empieza a tener una rabieta porque quiere determinado juguete o golosina tienes dos opciones:

  • Hacerle entender que no es el momento de comprar ese juguete y, probablemente, aguantar un ratito de rabieta por su parte.
  • Aceptar que el niño va a hacerte pasar un mal rato si no le compras lo que quiere y comprárselo, porque es lo más fácil.

Obviamente, tú vas a comprar más tranquilo si tu hijo tiene su juguete y está contento con él. Sin embargo, ¿te has parado a pensar en qué ocurrirá la próxima vez que el niño quiera algo en el supermercado?

Si cedes a sus peticiones o esperas a que surja la rabieta para concederle sus deseos, tu hijo aprenderá que siempre que no consiga lo que quiere por las buenas, puede patalear para conseguirlo por las malas. Pero que, en cualquier caso, siempre va a conseguir lo que quiere, de una manera u otra.

No debemos olvidar que es el padre quien debe educar al niño, y esto no siempre es fácil. A todos nos gustaría que nuestro hijo nunca tuviese una pataleta, especialmente si es en público.

Sin embargo, criar niños sin límites les da una imagen sesgada y poco realista del mundo en el que viven. Una persona que no aprendió cuando era pequeña lo que son los límites, crecerá y se convertirá en un adulto que no tolera el fracaso o las decepciones de la vida.

A la larga, será una persona mucho más propensa a sufrir problemas como la depresión, la baja autoestima o la soledad por no ser capaz de tolerar que no puede conseguirlo todo tal y como lo quiere.

Poner límites bien establecidos a un niño (y cumplirlos) es una muestra de amor por parte de los padres, y convertirá al pequeño en una persona adulta mental y socialmente más saludable.

Por eso, si tienes un hijo, es importante que busques el equilibrio entre el establecimiento de normas y la libertad del niño para expresar lo que quiere.

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