Bendita amistad.

Amigos de la infancia, amigos que son familia, amigos de toda la vida, amigos de la escuela, amigos del instituto, amigos de la universidad, amigos de verano, amigos de nuestros amigos que son nuestros amigos, amigos del trabajo, amigos vecinos, amigos que te regala la vida, amigos. En definitiva, todos y cada uno de nosotros del modo que sea tenemos y somos amigos.

He elegido este tema porque no le damos valor a lo que tenemos o hasta que lo perdemos o hasta que tienes una buena dosis de ello y te acuerdas de lo beneficioso que es para ti. Se que no es del todo fácil tener más tiempo, o mejor dicho tiempo para todo, pero se trata de querer hacer menos cosas y priorizar aquellas que realmente nos hacen tanto bien. ¿Te acuerdas de cuáles son?  ¿Dónde queda la amistad y dónde está?

Puede que haya épocas de todo tipo y que frenemos buenas costumbres, pero lo importante es que no las olvidemos. Todos los psicólogos al final de cada visita sea cual sea la consulta deberíamos recetar dosis de amistad. Para minimizar el estrés, la ansiedad, miedos, preocupaciones excesivas, obsesiones, insomnios, dolores, sufrimiento, malos humores y hasta para llegar al equilibrio que nos permite tomar decisiones. Justamente en esos momentos puede ser aún más terapéutico.

¿Te has fijado lo felices que son los niños? ¡Todo el día con sus amigos! Una dosis de amistad a la semana es casi obligatoria. Y si por algo no se puede también hay que saber apreciar y disfrutar de los conocidos y los saludados, ellos también son muy importantes, igual que tú para ellos. ¿Dónde? En el presente, en el día a día. Préstale atención a aquello que es importante para ti, a aquello que te sienta bien.

Ahora bien, debes partir de la base de saber lo que te conviene según el momento en el que estas respetando tu manera de ser, estés como estés. A veces este balance no es tan fácil cuando se trata de dar según tus prioridades. En ninguna instancia deberíamos dar para recibir, damos porque queremos dar, igual que recibimos sin pedir. Así funciona, y funciona. Si vas con una sonrisa te sonríen, aunque las circunstancias sean las mismas. Primero de todo debes ser tu amigo, debes caerte bien a ti y al mundo.

Cuando regresé de una estancia larga en Australia donde viví en 15 casas distintas, aprendí a decirle adiós a personas maravillosas. Conocias y convivías con gente especial y sabias que seguramente no las volverías a ver jamás. Estas personas te las encontrabas en el camino pero de algún modo la vida te ayudaba a elegirlas. No es racional pero debemos ir con los ojos abiertos y agradecer aquello que puedes aprender de ellas. 

Este concepto sirve para otras circunstancias de la vida, porque con el paso de los años uno va despidiéndote de amigos, ya sea por salud o por falta de cosas en común. Esto sucede en Barcelona, Australia y en todos los rincones del mundo, tú no eres distinto. La diferencia es que en algunas partes del mundo el sentimiento de posesión no nos deja encajarlo de igual forma. Nada nos pertenece más que nuestra actitud. Ayer una amiga me decía: “a los niños no debemos ayudarlos a añadir cosas en su interior sino a exteriorizarlas, ellos lo tienen todo dentro”. ¿Qué bonito verdad? Pues pasa lo mismo con los adultos.

Para escribir este artículo no hace falta ser psicólogo, pero me ha apetecido hablar de ello porque las dosis de amistad deben formar parte de nuestra dieta por ser una vitamina muy potente para nuestro bienestar. Una de muchas pero una muy importante.

Bendita amistad.

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