La incertidumbre postcoronavirus

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Con la cantidad de información que hemos tenido que procesar durante la pandemia de la COVID-19, es comprensible que muchos de nosotros sintamos que estamos sobreinformados, que no somos capaces de tener una visión global y, sobre todo, acertada de lo que ha implicado e implicará en el futuro estos meses de estado de alarma. Todos sentimos que las cosas habían acabado —y bien— cuando desde el gobierno se dio por finalizada la etapa de confinamiento y comenzaba la desescalada. Sin embargo, para muchos de nosotros, y por otros tantos motivos, la incertidumbre sigue campando a sus anchas, porque ahora, además de la crisis sanitaria, somos conscientes de la crisis paralela que se ha ido gestando a lo largo de los últimos meses: la económica.

En el artículo de hoy pretendemos desgranar esta incertidumbre global que nos aflige, y, sobre todo, proponer algunas herramientas que nos ayuden a, si bien no evitarla, sí al menos ponerle el freno suficiente como para que nos afecte lo menos posible en nuestra vida y la de los nuestros. Además, daremos claves para poder anticiparnos a los problemas que vayan surgiendo y poner freno a la preocupación. Porque ninguna nación ni ninguna persona serán ajenos a la crisis que ya estamos experimentando y sobre la que los entendidos no se ponen de acuerdo en augurar ni su alcance ni su duración.

Sin embargo, hemos de ser prudentes. Preocuparse por el futuro sin duda es un buen ejercicio para prepararse para este. No obstante, preocuparse en exceso puede derivar en que aparezca el catastrofismo y con él síntomas físicos que pueden hacer que padezcamos insomnio, sensación de agotamiento, incapacidad de relajación y, en no pocas ocasiones, tensión muscular.

Así pues, el consejo general en una circunstancia como la que estamos viviendo es trabajar la capacidad de discernir entre lo que nos debe preocupar de verdad y lo que no. Veamos a continuación las herramientas psicológicas con las que contamos para ello.

Herramientas para evitar la incertidumbre

Lo primero es tener un autocontrol en cuanto al tiempo que pasamos preocupándonos. Y la manera de lograrlo es establecer rutinas que sean equilibradas en cuanto a placer y trabajo. Es decir, llevar a cabo una combinación de actividades que nos aporten tanto de uno como de lo otro.

También es posible llegar a este objetivo si posponemos el pensar en lo que nos preocupa. Como decía el psiquiatra y neurólogo Viktor Frankl: “Las circunstancias  externas pueden despojarnos de todo, menos de una cosa: la libertad de elegir cómo responder a esas circunstancias”.

Y, por último, un consejo de Perogrullo pero que muchas veces se olvida por sabido: escojamos las fuentes de información fiables, aquellas que tienen un amplio apoyo. Más importante todavía, pensemos por nosotros mismos, no nos dejemos llevar por el sentimiento general, analicemos la información que consumimos y elaboremos aquello que José Cadalso decía en sus Cartas marruecas: el medio justo.

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