Preguntas frecuentes

COVID-19

Recomendaciones y medidas de prevención posteriores al confinamiento para atenuar al máximo el impacto negativo del Covid-19.

Cambios repentinos de humor, mayor propensión a la irritabilidad y a los enfados.

No estamos hechos para pasar tanto tiempo sin movernos, socializándonos siempre con las mismas personas en el mismo espacio donde todas queremos poder satisfacer nuestras necesidades. La logística doméstica ha cambiado por lo que en vez de resignarnos o quejarnos debemos adaptar nuestras necesidades a la nueva realidad intentando que se parezca (dentro de las posibilidades presentes) a lo que antes era saludable física y mentalmente para ti. Se trata de guiaros a encontrar una neutralidad emocional que os ayude a adaptaros a los cambios de manera más saludable.

Ansiedad, miedo, incertidumbre y culpa.

Ante una situación incómoda o un problema podemos negar, intentar controlar, o tolerarla. Si negamos sucederá que la misma sensación volverá con más fuerza tarde o temprano, y si intentamos controlar pregúntate qué cansa más si intentar controlar la situación o la misma por si sola. Intentar tolerarla significa poder convivir con ella sin que el miedo, la incertidumbre o la culpa frene tus acciones, ya que solo estas te ayudaran a conocerte y hacerte fuerte en la nueva realidad. Para poder tolerar debemos trasladar la mente a los posibles escenarios que puedan surgir, así pues, las posibles soluciones serán nuestros pensamientos y no serán basados en el miedo o la culpa sino en nuestra capacidad resolutiva. Nos gusten o no los escenarios podemos sentirnos orgullosos de nuestros actos.

Baja autoestima, pérdida de confianza, menos optimismo.

El confinamiento ha dejado huella en muchas mujeres o cuidador/a del hogar y de la familia. Esta situación les ha pasado factura deteriorando su bienestar psicológico debido a que su día a día se ha visto reducido a mantener en orden el ecosistema del hogar (realidad distorsionada), y este probablemente ha disminuido la diversidad de actividades, por lo tanto, también de pensamientos, algunos de ellos disfuncionales acompañados del sentimiento de abandono o de falta de apoyo social. Para ello trabajamos con técnicas conductuales al principio para poco a poco ir incorporando las cognitivas para proporcionar al paciente un papel activo para lograr una autopercepción adaptativa.

Menos vitalidad y energía que antes.

El sentimiento de vitalidad y energía no es solamente a nivel físico, sino que debemos de cultivar la calma y la estabilidad en la dimensión emocional para poder descansar a todos los niveles. Si se te apagan las pilas y pierdes vitalidad y energía deberías revisar como la cultivas y decidir con qué la quieres usar y con qué no. Revisa tus prioridades, responsabilízate de tus sentimientos sin cargas emocionales que no te corresponden, haz ejercicio físico, duerme adecuadamente, aliméntate de manera inteligente y relaciónate de manera saludable.

Ira y tristeza intensas alternadas.

La ansiedad que provoca el confinamiento y la incertidumbre que este ocasiona da lugar a una fase similar a las del duelo en la que se mezclan ira y depresión sin orden ninguno y con una intensidad considerable por sentir impotencia expulsando sentimientos reprimidos durante la fase de negación de la situación. La tristeza llega cuando nos resignamos ante una realidad que percibimos que no podemos cambiar y nos provoca vacío. Nuestra tarea es acompañaros en vuestro proceso de aceptación de la perdida y a aprender a vivir en vuestra nueva realidad.

Pesimismo y sentimientos de culpa por no haber podido cuidar a los seres queridos durante el confinamiento.

El pesimismo, la desesperanza, la soledad y sentimiento de culpa son síntomas propios de un cuadro depresivo, pero no hay que asustarse si la persona sigue siendo capaz de hacer frente a la mayor parte de las actividades cotidianas, lo importante es ocuparse de todo lo que depende de ella misma. Si hay dificultades de concentración como por ejemplo para tomar decisiones o los errores laborales se hacen más frecuentes, aquí sí que ay que intervenir de manera inmediata porque la autoestima queda más dañada. Nuestra tarea es identificar aquellas creencias y comportamientos disfuncionales y reemplazarlos por aquellos que nos ayuden a encontrar herramientas personales para fortalecer la resiliencia desde la situación actual, no des del pasado.

Preocupación excesiva por perder algún ser querido y miedo a padecer Covid-19.

Ante esta situación tan inesperada y desconocida la interpretación catastrófica de algunos síntomas corporales ha desencadenado en hipocondría en algunas personas. Muchas veces la respuesta es tan sencilla en responder ¿Cuántas de las cosas de las que te preocupas acaban sucediendo? El pensamiento tiene mucho poder ya que muchas veces la angustia viene por creer estar enfermo. Para ello podemos trabajar reestructurando creencias, pero vale la pena dar herramientas para que la propia persona sepa gestionar estas sensaciones supliéndolas por otras que no desencadenen pensamientos angustiantes y sensaciones desagradables.

Pérdida de un familiar durante el COVID-19.

Los investigadores calculan que más de 100.000 personas podrían presentar problemas en el futuro por no haberse despedido de los suyos como habrían querido y desencadenar duelos complicados o patológicos. El duelo es el proceso automático natural de aceptar la pérdida de un ser querido, pero en algunas situaciones estos son bloqueados y no pueden seguir su proceso natural. En estos casos si es requerida atención psicológica.

Adicción a las redes sociales y a las pantallas.

El confinamiento ha cambiado nuestros hábitos por fuerza, pero también nuestra manera de relacionarnos y de distraernos, siendo las redes sociales el único vehículo de sociabilización con el exterior y las pantallas uno de los principales estímulos de distracción durante estos meses. El problema reside en que la normalización de su uso en algunos casos se ha convertido en una conducta adictiva y que deben contemplarse algunos factores psicosociales que ello conlleva.  Para el reaprendizaje del control de la conducta será necesario un tratamiento ajustado a cada caso, de igual modo que un diagnostico precoz es de gran ayuda.

Mayor ingesta de alimentos hipercalóricos.

El aumento de ingesta de alimentos hipercalóricos es una de las consecuencias del confinamiento por tener déficit de satisfacción de las necesidades básicas, y esto ha provocado mucha hambre emocional. Comer es un acto placentero que nos sacia, pero durante el confinamiento ha saciado las ganas de salir, de movernos, de socializarnos y de autorealizarnos. Añadir que los alimentos hipercalóricos contienen azúcar, sustancia adictiva que retroalimenta dicha ingesta. Para reconducir este hábito deberemos crear una rutina donde la distribución de las actividades y la dieta deberán ir de la mano. Estos planes deberán ser personalizados, ya que todos no tenemos ni las mismas necesidades ni las mismas circunstancias.

Aumento del consumo de tabaco y alcohol

El confinamiento ha disparado el consumo de cigarrillos y de alcohol no social, y con ellos la población se a automedicado más de lo que lo hacia. La ingesta desmesurada de tóxicos puede provocar cambios metabólicos que desencadenen ansiedad y depresión. Para paliar esta adicción, además de para no castigar nuestra salud, debemos autoregular nuestros hábitos físicos y de pensamiento.

Subida de peso, problemas de autoestima.

El haber subido de peso durante el confinamiento es una consecuencia de nuestra rutina tanto de ejercicio físico como alimentaria. La rutina física no dependía de nosotros, la alimenticia sí. De hecho, si nos movemos menos es lógico necesitar comer menos, pero para no pasar hambre ni alentar al hambre emocional debemos intentar nutrirnos de otras cosas que nos llenen nuestras necesidades, como por ejemplo autorealizarnos o socializarnos con calidad. El ambiente en casa, la comida y el poder movernos son tres cosas que, si dependen de nosotros, si lo pudiste hacer para confinarte también puedes hacerlo a la inversa, y si pasar hambre.

Insomnio

Durante el confinamiento no era tan importante a qué hora nos acostábamos sino las horas que dormíamos, los ciclos del sueño. Ahora, que ya empezamos a funcionar es necesario adaptarnos otra vez a los horarios establecidos, pero siempre partiendo desde nuestro bienestar. Para trabajar la higiene del sueño debemos adoptar nuevos hábitos y rutinas en distintas áreas que como si de un domino se tratara ayudaran a regular tu sueño.

Duelo complicado y duelo patológico.

El estrés padecido por el personal sanitario durante estos meses puede tener un efecto inmediato o demorado en forma de inestabilidad emocional que puede desembocar en estrés postraumático si las emociones y su intensidad no son gestionadas de manera adaptativa. Para desbloquear esta situación es recomendado acudir a un profesional.

Pautas para padres: niños y adolescentes.

A los niños y adolescentes también les ha afectado el cambio de hábitos y de rutinas durante el confinamiento, como también el estrés familiar que este ha podido ocasionar. Hablar y razonar con ellos puede ser una opción, pero puede ser más beneficioso dar pautas a los padres para llevar mejor la convivencia y la adaptación a la nueva realidad. Durante el postconfinamiento, compartir, poner límites, tener un espacio para escuchar, negociar y dar ejemplo les ayudara a rebajar síntomas leves del confinamiento y desarrollar confianza y seguridad dentro del ambiente familiar. Para ello recomendamos que los padres intervengan (ya que son quienes están más tiempo con ellos) y que se hagan protocolos de seguimiento.